Vivimos en un mundo lleno de absolutos, donde fluyen realidades, a este espacio se le conoce como semiosfera, en la semiosfera aunque parezca irónico no puede existir la semiótica, y es que la semiótica existe gracias al proceso de codificación y decodificación de la realidad, es decir fragmentar la realidad y significarla, en este caso el árbol simboliza árbol porque es un objeto específico que se diferencia de un todo de cosas que no son árbol, la semiótica al ser el estudio de los símbolos estudia estos fragmentos y sus relaciones, pero par poder abordarlos necesita fragmentar, así luego una las partes, pues como vimos anteriormente, el todo no es igual a la suma de las partes, el todo tiene su propio sentido y orden, su propia alma, es por esto que en este todo “semiosfera” no puede existir la semiótica, sin embargo la semiótica parte de él para existir.
Teniendo claras las posturas que tomó al entender el texto podremos proseguir con su entendimiento, el texto nos habla de cómo la imagen es una integración de diferentes procesos cognitivos que la llevan a su significación, se habla seguido de dos perspectivas occidentales de la semiótica (así que teníamos razón en asumirlo anteriormente), el modelo estructuralista, y el pragmatista, se cuenta en el texto que es posible lograr un diálogo entre ambas posturas, acá vale la pena aclarar nuevamente un poco los conceptos, el estructuralismo es un enfoque de investigación que toma por premisa la existencia de estructuras que se relacionan entre ellas, y que llevan a ser el alma de la significación, en este enfoque el significado no es una verdad sólida sino una verdad construida, un sistema de verdad, por otro lado el pragmatismo es una corriente filosófica más orientada a entender la verdad como algo experimentable, es común en ellos los métodos y herramientas de comprobación, la verdad es un algo externo a ellos que a través de la experimentación pueden llegar a descubrir, se distancia del estructuralismo porque en el estructuralismo la verdad es una construcción y por lo tanto un cambiante que depende del contexto donde se busque la realidad.
El autor entonces hace la relación a través del concepto de semiosfera, el cual puedo relacionar con el concepto de verdad de la psicología gestalt, con su clásica frase “el todo no es lo mismo que la unión de las partes”, bastante estructuralista, sin embargo considero que el autor ve el pragmatismo en la misma existencia de la herramienta semiosfera, la semiosfera es explicada como todo aquello que rodea el fenómeno al que se estudia, y desde diferentes dimensiones, así que la dimensión social, temporal o física permean y agitan el fenómeno, seguido a esto se explica un poco la relación de imagen y símbolo, aunque no siendo muyclaro en la relación entre este y la semiosfera, acá es entonces necesario un paréntesis nuevamente, para explica un poco la significación:
Vivimos en un mundo lleno de absolutos, donde fluyen realidades, a este espacio se le conoce como semiosfera, en la semiosfera aunque parezca irónico no puede existir la semiótica, y es que la semiótica existe gracias al proceso de codificación y decodificación de la realidad, es decir fragmentar la realidad y significarla, en este caso el árbol simboliza árbol porque es un objeto específico que se diferencia de un todo de cosas que no son árbol, la semiótica al ser el estudio de los símbolos estudia estos fragmentos y sus relaciones, pero par poder abordarlos necesita fragmentar, así luego una las partes, pues como vimos anteriormente, el todo no es igual a la suma de las partes, el todo tiene su propio sentido y orden, su propia alma, es por esto que en este todo “semiosfera” no puede existir la semiótica, sin embargo la semiótica parte de él para existir.
Es importante entender por qué Debray, fiel a la lectura semiótica de Peirce, corrige, de acuerdo con la precisión de atributos, una forma convencional de entender el tipo de imágenes producidas en el medioevo, que en sentido directo, no buscaban «representar» como lo haría el ícono, sino que se implican en la realidad y le daban valor a un mundo espiritual trascendente. Por ello, es necesario reconocer cuál es el valor constitutivo de las imágenes icónicas para establecer el campo de relaciones que permiten el advenimiento de nuevas formas de mirar, acordes a tipos específicos de imagen, y que permiten la modulación de la semiosfera vigente. Apoyémonos nuevamente en Vernant para entender la confusión generalizada acerca de la denominada «iconografía» religiosa medieval, que de manera más regulada se ofrece según estatutos indiciales. Reconozcamos en el concepto de representamen no una representación sino una cualidad material que permite la relación perceptual y que para Peirce define mucho mejor el carácter funcional del signo.
La imagen, también puede tener el rol de repositorio mental de ideas, recuerdos o memorias, y transformarse en una ventana a otra realidad vivida física o mentalmente, y en este sentido es posible no solo comunicarnos a nosotros un recuerdo, sino compartirlo, o en palabras del autor “las imágenes no sólo como modelos de representación formal de lo real, sino que las integremos como centros intensivos de reconocimiento del mundo” (Parra,2014), siguiendo, por este camino podemos desenlazar el potencial de la imagen, como articulador y conector de realidades, conectando formas de ser y estar, ideologías, o tradiciones culturales.
Las imágenes, sin embargo, son signos que implican tipos de interacción con la idea de realidad, lo que garantiza formas de apropiación funcional y, en esa medida, es necesario comprender el valor sígnico que encubren dichas formas expresivas y comunicativas. Las imágenes, sin embargo, son signos que implican tipos de interacción con la idea de realidad, lo que garantiza formas de apropiación funcional y, en esa medida, es necesario comprender el valor sígnico que encubren dichas formas expresivas y comunicativas.

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